Un informe independiente alerta de la pérdida sostenida de costa natural, la expansión de los vertidos sin control y el avance de un modelo territorial cada vez más vulnerable al cambio climático
Soldecanarias.net / Redacción
Canarias pierde cada año cerca de cuatro kilómetros de costa natural transformados por la urbanización, las infraestructuras y la presión turística. El dato, equivalente a un kilómetro de litoral alterado cada tres meses, forma parte del informe SOS Costas Canarias, un extenso diagnóstico elaborado por la Fundación Canarina y el Observatorio de la Sostenibilidad que dibuja un escenario de deterioro ambiental creciente en el Archipiélago.
El estudio concluye que el 18% del suelo situado en los primeros 500 metros desde la línea de costa ya ha sido artificializado, principalmente por desarrollos urbanísticos vinculados al turismo. En algunas islas, fuera de los espacios protegidos, ese porcentaje supera el 40%, consolidando un modelo territorial cada vez más tensionado por la concentración de actividad económica y residencial en el litoral.
Los autores del informe identifican la turistificación como el principal motor de esta transformación. Canarias recibió en 2025 más de 18 millones de visitantes, con una concentración especialmente intensa en Adeje, San Bartolomé de Tirajana y otros grandes municipios turísticos de Tenerife, Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote. Según el documento, la presión alojativa alcanza casi 20 plazas turísticas por cada 100 habitantes, muy por encima de la media estatal.
La investigación alerta además del progresivo abandono del suelo agrícola costero. De las cerca de 80.000 hectáreas históricamente cultivadas en las franjas próximas al mar, apenas permanece activa algo más de un tercio. En islas como Fuerteventura, el desplome de la actividad agraria en zonas litorales es prácticamente total.
Más allá del impacto paisajístico y económico, el informe pone el foco en los riesgos derivados de la ocupación intensiva de la costa en un contexto de emergencia climática. Cerca de 80.000 personas viven actualmente en áreas expuestas a inundaciones marinas y otras miles se encuentran en zonas vulnerables junto a barrancos y cauces de escorrentía. Los investigadores advierten de que la expansión urbanística en áreas inundables incrementará la exposición de la población y de infraestructuras críticas, incluidas centrales térmicas y plantas desaladoras estratégicas para el abastecimiento de agua.
Uno de los apartados más críticos del estudio se refiere a los vertidos al mar. De los 403 puntos identificados en Canarias, 291 operan sin autorización administrativa, incluidos decenas situados dentro de espacios protegidos de la Red Natura 2000. Tenerife concentra el mayor número de focos de vertido, una situación que los autores relacionan directamente con la densidad poblacional y la presión turística.
El documento cuestiona además determinadas herramientas urbanísticas introducidas en los últimos años, especialmente las declaraciones de interés insular o autonómico, al considerar que han facilitado la tramitación de proyectos en territorios ambientalmente sensibles. Entre los casos más controvertidos aparecen desarrollos turísticos como Cuna del Alma o las actuaciones en Playa de La Tejita, convertidos en símbolos del conflicto entre crecimiento económico y conservación ambiental.
Los responsables del estudio reclaman una moratoria cautelar sobre nuevos proyectos urbanísticos en las áreas más tensionadas y proponen revisar los planes territoriales vigentes para adaptarlos a escenarios de sostenibilidad y resiliencia climática. También defienden que la protección del litoral no debe entenderse únicamente como una cuestión ambiental, sino como un elemento central para garantizar la calidad de vida, la seguridad y la viabilidad económica futura del Archipiélago.
El informe, presentado en la Universidad de La Laguna ante un auditorio lleno, aspira a convertirse en una herramienta de referencia para el debate territorial en Canarias. Sus autores sostienen que el Archipiélago se enfrenta a una decisión de fondo: mantener un modelo basado en el crecimiento continuo o redefinir sus límites físicos, sociales y ambientales antes de que el deterioro del litoral alcance un punto irreversible.


