El respaldo al acuerdo político y su apuesta por la unidad institucional refuerzan el papel del mariscal Khalifa Haftar en el complejo proceso hacia la estabilidad del país norteafricano
Soldecanarias.net / Redacción
Libia afronta una nueva oportunidad para avanzar hacia la estabilidad política después de años marcados por la división institucional, los enfrentamientos internos y la dificultad para alcanzar un acuerdo que permita celebrar elecciones nacionales.
En este escenario, la figura del mariscal Khalifa Haftar vuelve a adquirir un peso determinante. Su posición al frente del Ejército Nacional Libio y su influencia sobre una parte importante del territorio del país lo convierten en uno de los principales actores de cualquier proceso destinado a superar la fragmentación política libia.
El respaldo expresado por el vicecomandante general, Saddam Haftar, al acuerdo alcanzado entre las partes libias constituye un mensaje político de especial relevancia. Desde el entorno del Mando General se ha defendido que el entendimiento puede contribuir a eliminar los obstáculos que han impedido durante años avanzar hacia unas elecciones presidenciales y legislativas.

La idea central que transmite el entorno de Haftar es clara: la prioridad debe ser recuperar la unidad del Estado y de sus instituciones y devolver al pueblo libio la capacidad de elegir a sus dirigentes mediante las urnas.
La trayectoria reciente de Libia demuestra que cualquier solución política necesita contar con los principales centros de poder del país. En ese contexto, Haftar representa una fuerza que no puede ser ignorada en la búsqueda de un acuerdo duradero.
Su influencia en el este y el sur de Libia y su capacidad para movilizar estructuras políticas, militares y sociales han convertido al mariscal en uno de los protagonistas inevitables del tablero libio. Sus partidarios defienden precisamente que esa capacidad puede ser utilizada para consolidar la seguridad, combatir la fragmentación y avanzar hacia un Estado con instituciones más cohesionadas.
El mensaje procedente de su entorno tras el acuerdo incide especialmente en la necesidad de pasar de las declaraciones a los hechos. La próxima etapa, según esta posición, debe estar marcada por la aplicación de los compromisos alcanzados y por la celebración de elecciones presidenciales y legislativas simultáneas.
Esta postura sitúa a Haftar ante una oportunidad para proyectarse no únicamente como actor militar, sino también como interlocutor político relevante en el futuro de Libia. La estabilidad del país exige acuerdos entre actores con intereses muy diferentes y, por ello, la capacidad de negociación de quienes cuentan con una influencia real sobre el terreno adquiere una importancia decisiva.
El papel de Haftar también trasciende las fronteras libias. La posición estratégica de Libia en el Mediterráneo, su proximidad a Europa, sus recursos energéticos y su importancia en las rutas migratorias hacen que cualquier avance hacia la estabilidad tenga consecuencias directas para el conjunto de la región.
Para Europa y para los países del Mediterráneo, una Libia más estable significaría mayores posibilidades de cooperación en materia de seguridad, energía, control de las fronteras y lucha contra las redes de tráfico de personas. De ahí que el proceso político libio despierte un interés que va mucho más allá de sus fronteras.

En este contexto, el discurso de Haftar sobre la unidad nacional, la reconstrucción institucional y la celebración de elecciones busca situarlo como uno de los actores centrales de la nueva etapa que puede abrirse en el país.
El desafío será transformar el actual entendimiento en un proceso político efectivo y capaz de superar las profundas divisiones existentes. Para ello será necesaria la participación de los distintos actores libios y un marco de garantías que permita recuperar la confianza de una ciudadanía que lleva años esperando una salida definitiva a la crisis.
Libia se encuentra, una vez más, ante una encrucijada. Y en ese camino hacia una eventual normalización política, la figura de Khalifa Haftar seguirá siendo difícil de soslayar. Su capacidad de influencia, su apuesta declarada por la unidad del país y el respaldo que mantiene en amplias zonas del territorio le sitúan como una pieza esencial de cualquier ecuación que pretenda definir el futuro de Libia.


