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domingo, febrero 15, 2026

Un enjambre sísmico sacude el sistema volcánico del Teide sin indicios de erupción inmediata

Los 876 eventos híbridos detectados en Las Cañadas reactivan la vigilancia científica, mientras el comité del Pevolca llama a la calma y descarta riesgos a corto plazo

Soldecanarias.net / Redacción

El corazón volcánico de Tenerife ha vuelto a latir con mayor intensidad. Recientemente el sistema asociado al Teide registró un enjambre de 876 eventos sísmicos de muy baja magnitud, según datos del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan).

La actividad, concentrada en la zona de Las Cañadas, se prolongó durante casi once horas. Los especialistas describen los movimientos como “eventos híbridos”, un tipo de señal que combina características de sismos volcánico-tectónicos y de larga duración, y que suele asociarse a la circulación o inyección de fluidos magmáticos principalmente gases y agua en el sistema hidrotermal del edificio volcánico.

Aunque el número impresiona, la magnitud de los movimientos fue tan baja que resultaron imperceptibles para la población. Se trata, además, del séptimo episodio de estas características detectado en la isla desde 2016, en un contexto de vigilancia científica reforzada y tecnología de alta sensibilidad.

Más señales bajo la superficie

El Instituto Geográfico Nacional (IGN) informó de manera paralela de un ligero incremento en la emisión difusa de dióxido de carbono (CO₂) en la zona del cráter y de pequeñas deformaciones del terreno. Estos parámetros, junto a la sismicidad registrada, forman parte de los indicadores habituales que se monitorizan en volcanes activos.

La acumulación de señales llevó a la convocatoria de una reunión técnica del comité científico del Pevolca, el plan especial de protección civil y atención de emergencias por riesgo volcánico en Canarias. Tras analizar los datos disponibles, los expertos concluyeron que no existen indicios de una erupción a corto o medio plazo.

Ithaiza Domínguez, director del IGN en Canarias, subrayó que este tipo de procesos son “habituales en volcanes activos” y recordó que la actual red instrumental permite detectar variaciones que hace dos décadas habrían pasado inadvertidas. “Estamos en una fase muy previa; no es lo que vimos en La Palma días antes de su erupción”, señaló en referencia a la crisis que culminó en 2021 con la erupción en La Palma.

Vigilancia constante en un volcán activo

El Teide no es un volcán dormido, sino activo, aunque su última erupción en la isla se remonta a 1909, en el Chinyero. Desde entonces, el seguimiento científico ha permitido trazar una radiografía cada vez más precisa de sus pulsaciones internas.

Los expertos insisten en que la aparición de enjambres sísmicos no implica necesariamente una reactivación eruptiva inminente. En muchos casos, estos episodios reflejan reajustes internos del sistema volcánico y liberación de energía acumulada sin que el proceso evolucione hacia una fase eruptiva.

La recomendación oficial es clara: calma y confianza en los sistemas de vigilancia. En una isla donde el volcán forma parte del paisaje y de la identidad, la ciencia actúa como termómetro permanente. Cada señal se analiza, cada variación se contextualiza. Por ahora, el Teide habla en susurros subterráneos, y los datos, según los especialistas, no anuncian nada más que eso.

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