El secretario de Estado suaviza el tono en Múnich, aunque mantiene intacto el mensaje de fondo: más gasto en defensa, menos dependencia y una relación subordinada a los intereses estratégicos de Washington
Soldecanarias.net / MÚNICH
Estados Unidos no quiere certificar el acta de defunción de la alianza transatlántica. Pero tampoco está dispuesto a sostenerla en los términos que han regido durante décadas. El secretario de Estado, Marco Rubio, defendió este sábado en la Conferencia de Seguridad de Múnich la necesidad de “revitalizar una vieja amistad” con Europa, aunque dejó claro que esa relación deberá adaptarse a las prioridades estratégicas marcadas por el presidente Donald Trump.
Rubio compareció con un tono más diplomático que el empleado el año pasado por el entonces vicepresidente, pero el mensaje de fondo apenas varió: Washington quiere una Europa más fuerte, sí, pero también más autosuficiente y alineada con los intereses estadounidenses. “Queremos que Europa sea fuerte”, afirmó, en una fórmula que sonó tanto a respaldo como a advertencia.
Más gasto y menos complacencia
El núcleo del planteamiento estadounidense sigue siendo el mismo: incremento sustancial del gasto en defensa por parte de los aliados europeos, mayor compromiso operativo y reducción de lo que en Washington se percibe como dependencia estructural del paraguas militar norteamericano.
Rubio evitó el lenguaje áspero de etapas anteriores, pero insistió en que la seguridad del continente no puede seguir descansando desproporcionadamente sobre el contribuyente estadounidense. En un momento de tensiones globales crecientes con Rusia consolidando posiciones en el este de Europa y China expandiendo su influencia tecnológica y militar, la Administración Trump exige compromisos tangibles.
La diferencia respecto a anteriores Administraciones no es solo presupuestaria. El actual enfoque introduce una dimensión ideológica: la Casa Blanca reclama una convergencia más estrecha en asuntos energéticos, comerciales y regulatorios, cuestionando políticas europeas que considera lesivas para empresas y exportaciones estadounidenses.
Una alianza bajo revisión
En los pasillos del foro bávaro, diplomáticos europeos reconocían que el discurso fue “más amable en la forma”, pero no menos exigente en el contenido. La sensación general es que Washington no busca romper, sino reconfigurar la relación.
El mensaje implícito es que la alianza atlántica seguirá viva siempre que Europa asuma una mayor cuota de responsabilidad estratégica y acepte que el liderazgo político y militar continúa en manos estadounidenses. La autonomía estratégica que algunos líderes europeos han defendido en los últimos años choca con la visión de una Casa Blanca que prioriza la cohesión bajo su propia agenda.
Rubio trató de transmitir estabilidad en un momento de inquietud. Subrayó los lazos históricos, culturales y económicos que unen a ambas orillas del Atlántico y descartó cualquier repliegue aislacionista. Pero al mismo tiempo dejó claro que la era del automatismo ha terminado.
Europa escucha con atención, consciente de que la relación con Estados Unidos atraviesa una fase de redefinición profunda. Si la alianza sobrevive como parece desear Washington lo hará bajo nuevas reglas. Y esas reglas, al menos por ahora, se escriben en la Casa Blanca.


