Juan Santana / Arona
El Centro de Interpretación de La Centinela, gestionado por el Cabildo de Tenerife en colaboración con los ayuntamientos de Arona y San Miguel de Abona, se localiza entre el limite de ambos municipios, es un proyecto cultural y patrimonial que fue aprobado hace ya varios años con el objetivo de dotar a la zona arqueológica de La Centinela, de un espacio que sirviera para difundir, contextualizar y proteger el patrimonio prehispánico de la isla de Tenerife.
Según los responsables políticos y técnicos del proyecto, este centro no solo iba a ofrecer a residentes y visitantes una oportunidad única de conocer mejor la arqueología aborigen de Tenerife, sino también aportar valor educativo, científico y turístico a la comarca.
El proyecto, que se presentó como una infraestructura destinada a convertirse en un referente para la comprensión de la cultura guanche en el Sur de la isla, fue acogido con interés por asociaciones culturales, investigadores y ciudadanos involucrados con la preservación de la historia de Canarias. Su ambición era doble: por un lado, convertir La Centinela en un nodo interpretativo para entender las formas de vida, la cosmovisión y las estructuras sociales de los antiguos pobladores de Tenerife; y por otro, articular ese conocimiento con las comunidades locales y los programas educativos de la región.

Sin embargo, y para sorpresa de muchas personas que han seguido la evolución del proyecto, la situación sobre el terreno dista mucho de lo prometido. Al visitar recientemente la que sería la ubicación del centro, lo que se encuentra es una estructura física incompleta, sin puertas, sin señalización adecuada, y —lo más preocupante— con personas entrando libremente para realizar botellones o actividades no relacionadas con la protección del patrimonio. Lo que en su día fue un restaurante y que se proyectó como espacio cultural, ahora presenta signos evidentes de abandono y falta de vigilancia.
Este estado de dejadez plantea interrogantes sobre la prioridad que se está dando a la cultura y al patrimonio frente a otras infraestructuras privadas o de mayor visibilidad mediática en el municipio y en las instituciones responsables. Proyectos como “Cuna del Alma” o el circuito de motor en Granadilla pueden atraer atención, inversiones y titulares, pero el abandono del Centro de Interpretación de La Centinela sugiere que el interés por proteger y poner en valor la historia arqueológica de la isla está siendo relegado.
La falta de puertas y de medidas mínimas de seguridad no solo permite usos inadecuados del edificio, sino que pone en riesgo la infraestructura existente, que puede deteriorarse hasta el punto de caer en ruina si no se actúa con urgencia. La sensación que queda al ver este abandono es frustración para quienes esperaban que este centro sirviera como puente entre el pasado y el presente, un espacio que dignificara la historia canaria y la hiciera accesible para todos.
En definitiva, mientras que las palabras oficiales continúan hablando de futuro y de promesas de interpretación patrimonial, la realidad en La Centinela refleja un retraso preocupante, una falta de compromiso tangible y un desaprovechamiento de un recurso cultural valioso. Es momento de que las instituciones implicadas reconsideren sus prioridades y actúen para que este proyecto no se convierta en una promesa vacía, sino en un verdadero punto de encuentro entre la historia y la sociedad actual.


