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domingo, febrero 15, 2026

Del bufé al surco: 30 hoteles de Adeje convierten 3.000 toneladas de residuos en abono para la agricultura local

El proyecto Comunidades Turísticas Circulares transforma biorresiduos en compost, evita emisiones y teje una alianza estable entre el sector hotelero y el primario en Tenerife

Soldecanarias.net / Adeje

En una isla donde el turismo y la agricultura han convivido a menudo en compartimentos estancos, un proyecto impulsado desde el sur de Tenerife trata de cerrar el círculo. La iniciativa Comunidades Turísticas Circulares (CTC) ha logrado que 30 hoteles de Adeje separen de forma selectiva más de 3.000 toneladas de biorresiduos desde julio de 2022, convertidos posteriormente en unas 1.200 toneladas de compost orgánico destinado a nutrir suelos agrícolas de la isla.

El dato no es solo volumétrico. Al evitar que esos residuos terminen enterrados en el vertedero de Arico, el proyecto ha impedido la emisión a la atmósfera de 2,5 toneladas de CO₂. La experiencia, concebida como proyecto demostrador, busca algo más ambicioso que la mera gestión eficiente de desechos: pretende reconfigurar la relación entre el sector turístico y el primario bajo los principios de la economía circular.

Impulsado por Ashotel y Asaga Canarias, y financiado con fondos europeos Next Generation, CTC articula un sistema de recogida puerta a puerta de restos de cocina no cocinados y poda de jardines. El material es trasladado a un complejo agrario del sur de la isla, donde se transforma en compost apto para agricultura ecológica y convencional. Parte de ese abono regresa después, indirectamente, a los hoteles en forma de frutas y hortalizas cultivadas en fincas locales.

Socializar el residuo

El recorrido del residuo incluye una dimensión social. En la Fundación Ataretaco, en Santa Cruz de Tenerife, se elabora el denominado “Compost Té”, un kit preparado con compost procedente de biorresiduos hoteleros y confeccionado con materiales reciclables por personas en programas de inserción. El producto, que los establecimientos pueden ofrecer a sus clientes, pretende trasladar la experiencia de la circularidad al propio turista.

El presidente de la fundación, Pedro Ángel Armas, resume la filosofía del proyecto en una frase: “Aquí hay dos cosas que no van a faltar nunca: gente a la que ayudar y residuos que tratar”. La iniciativa, sostiene, demuestra que el tratamiento de desechos puede convertirse en una oportunidad de inclusión laboral y de concienciación ambiental.

Durante una visita a varias de las instalaciones vinculadas al programa, la consejera de Turismo y Empleo del Gobierno de Canarias, Jéssica de León, subrayó que el valor añadido de CTC reside en conectar “tres cadenas: la de residuos, la de su transformación y la social”. Con una financiación de 600.000 euros aportados por su departamento, defendió que el modelo es replicable en otras zonas del archipiélago.

Del hotel a la finca

El circuito se completa en el complejo agroganadero ecológico Lomo del Balo, gestionado por la empresa Serviagroc, en Guía de Isora. Allí se procesan los biorresiduos y se produce el compost que posteriormente fertiliza explotaciones hortofrutícolas proveedoras del propio sector turístico. El esquema reduce la huella de carbono asociada al transporte de insumos y refuerza el abastecimiento de kilómetro cero.

En paralelo, más de 120 profesionales de cocina han recibido formación específica, lo que ha contribuido —según los promotores— a un cambio cultural en la gestión de residuos dentro de los establecimientos. El residuo deja de concebirse como desecho inevitable para entenderse como recurso con valor.

El proyecto ha despertado el interés de otros municipios. San Miguel de Abona ha iniciado ya la recogida selectiva en dos hoteles, mientras Arona y San Cristóbal de La Laguna han mostrado su disposición a integrarse. También ha suscitado atención en islas como Fuerteventura y Gran Canaria.

Un modelo premiado y escalable

CTC recibió el año pasado el Premio Turismo Islas Canarias en la modalidad de Innovación. Más allá del reconocimiento, sus impulsores sostienen que la clave está en la generación de indicadores verificables y en la consolidación de alianzas estables entre hoteles, productores y administraciones públicas.

En un territorio donde el turismo representa el principal motor económico y la agricultura lucha por mantener su viabilidad, la circularidad aparece como un punto de encuentro. Convertir restos de bufé en fertilizante para el campo no es solo una operación técnica: es, en el fondo, una forma de replantear la relación entre consumo y territorio.

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