El caso de Carme, afectada por una sepsis devastadora durante sus vacaciones, impulsa una intervención inédita realizada en el Hospital Vall d’Hebron
Soldecanarias.net / Redacciòn
Lo que comenzó como un incidente aparentemente trivial durante unas vacaciones en Canarias terminó convirtiéndose en un acontecimiento histórico para la medicina internacional. Carme, una turista que sufrió la picadura de un insecto en el verano de 2024, desarrolló una infección fulminante que derivó en una sepsis grave y en la destrucción de gran parte de su rostro. Meses después, su situación clínica acabaría siendo el detonante del primer trasplante facial del mundo realizado con una donación procedente de una eutanasia programada.
La intervención, llevada a cabo en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, ha sido calificada por el propio equipo médico como una de las operaciones más complejas y pioneras realizadas hasta la fecha en cirugía reconstructiva.
Tras la picadura, la infección avanzó de forma agresiva y obligó a Carme a permanecer hospitalizada durante semanas en estado crítico. La sepsis provocó una necrosis extensa que afectó a zonas esenciales del rostro, incluyendo la boca, la lengua, los músculos faciales y la piel, dejándola sin capacidad para alimentarse con normalidad, hablar o respirar de manera autónoma.
Ante la magnitud de las secuelas, y después de meses de tratamientos y valoraciones médicas, Carme fue derivada a Vall d’Hebron a finales de 2024. Allí, el equipo liderado por el cirujano Joan-Pere Barret le planteó una opción extrema pero viable: un trasplante facial parcial como única alternativa para recuperar funciones básicas y calidad de vida.
Mientras avanzaba la preparación clínica de la receptora, se produjo una circunstancia excepcional. Otra paciente del hospital, afectada por una enfermedad genética irreversible, había solicitado la prestación de ayuda para morir y manifestó su voluntad expresa de donar sus órganos, incluido el rostro. Su decisión, tomada de forma consciente y solidaria, abrió una posibilidad inédita en el ámbito de los trasplantes.
El hecho de tratarse de una eutanasia programada permitió al equipo médico realizar una planificación sin precedentes. Gracias a tecnologías de modelado en tres dimensiones, los especialistas pudieron estudiar y ajustar con antelación la anatomía facial de la donante y la receptora, anticipando cada paso quirúrgico con una precisión imposible en donaciones convencionales.
Esta coordinación milimétrica fue clave para el éxito de la intervención, que no solo ha supuesto un avance técnico extraordinario, sino que también ha abierto un debate ético y médico sobre las nuevas fronteras de la donación de órganos.
El caso de Carme, marcado por el azar de una picadura durante unas vacaciones, ha pasado así a formar parte de la historia de la medicina, demostrando cómo la combinación de ciencia, planificación y generosidad humana puede transformar una tragedia personal en un logro colectivo.


