El colapso en los controles de pasaportes y la falta de taxis desatan críticas contra Aena y el Ministerio del Interior en plena temporada alta
Soldecanarias.net / Redacción
El Aeropuerto de Tenerife Sur-Reina Sofía ha vuelto a convertirse esta semana en el escenario de un colapso que trasciende la mera incomodidad puntual. Lo que para miles de visitantes debía ser la puerta de entrada a unos días de descanso bajo el sol canario derivó, según numerosos testimonios, en largas horas de espera, desorientación y malestar tanto dentro como fuera de la terminal.
El jueves y el viernes, los controles de pasaportes registraron esperas que, en algunos casos, superaron ampliamente la hora. Pasajeros procedentes de países extracomunitarios describen una experiencia “caótica”, marcada por la lentitud de los trámites y la escasez de personal operativo. La situación, lejos de limitarse al interior del edificio, desencadenó un efecto dominó que afectó a conductores de guaguas, taxistas y empresas de transporte discrecional.
Choferes de servicios turísticos denuncian demoras de hasta dos horas desde el aterrizaje del vuelo hasta la salida efectiva de los pasajeros. El atasco administrativo en frontera se traduce así en retrasos en hoteles, excursiones y traslados programados, tensionando toda la cadena logística de uno de los motores económicos del archipiélago.
Superado el filtro policial, la escena se repite en el exterior: una segunda cola, esta vez para acceder a un taxi. La escasez de vehículos disponibles en determinados momentos ha obligado a turistas a prolongar aún más su espera bajo el sol o cargando equipaje. Las autoridades locales ultiman un protocolo para permitir que taxistas de municipios como Adeje y Arona puedan recoger pasajeros en el aeropuerto con mayor flexibilidad, en un intento de aliviar la presión.
Fallos técnicos y recursos insuficientes
Las críticas del sector se dirigen principalmente hacia Aena y el Ministerio del Interior, responsables de la infraestructura y del control fronterizo, respectivamente. Fuentes empresariales hablan de una infraestructura “deficiente” y de una implantación irregular de los sistemas biométricos.
De los 36 nuevos puestos de control instalados, aseguran, en determinados momentos apenas funcionan cinco. Las máquinas de verificación automática, concebidas para agilizar el paso de viajeros, presentan fallos recurrentes o permanecen fuera de servicio. “A diferencia de grandes aeropuertos peninsulares, aquí el sistema no responde con la misma eficacia”, lamentan desde el sector turístico.
La combinación de tecnología inoperativa y falta de agentes suficientes en horas punta convierte cada llegada masiva en una prueba de resistencia para los viajeros y en una fuente de frustración para los profesionales que dependen de la puntualidad.
Un impacto que va más allá de la terminal
Desde la patronal hotelera Ashotel advierten de que este tipo de episodios erosionan la imagen de Canarias como destino competitivo y bien organizado. El esfuerzo promocional realizado en ferias internacionales y campañas de marketing, sostienen, se ve empañado por una primera impresión marcada por la descoordinación y la espera.
El turismo representa uno de los pilares económicos del archipiélago. Cada retraso, cada experiencia negativa en frontera, no solo afecta a la percepción individual del visitante, sino que puede tener un efecto acumulativo en la reputación del destino. En un mercado global donde la competencia es intensa, la eficiencia en la llegada se convierte en un factor estratégico.
La reiteración de estos episodios ha llevado al sector a exigir una intervención decidida de las autoridades regionales y nacionales. Más allá de explicaciones puntuales o promesas de mejora, reclaman una planificación estructural que garantice personal suficiente, tecnología operativa y protocolos coordinados para evitar que la puerta de entrada al paraíso se convierta, una vez más, en un embudo colapsado.


